Friday, April 13, 2012

CRISIS DE LOS 40

Copio un excelente artículo de Paulo Carreño, publicado en Esquire Latinoamérica:


HOMO LUDENS: Antes de que anochezca.

Lo que un verdadero hombre debe hacer antes de cruzar la temida crisis de los cuarenta años. Por: Paulo Carreño Fecha: 02/05/11

Homo Ludens está alarmado por la ausencia de síntomas de la "crisis de los 40". Nada. No hay el menor impulso por comprar un auto deportivo, ni nostalgia por el pasado. Es probable que ahí esté, a la vuelta de la esquina, acechando para caer como una piedra cargada de complejos y tentaciones absurdas. No es imposible que venga demorada. O que Homo Ludens ya esté en la "crisis de los 50" y la de la década anterior haya pasado de noche.

"Nadie se libra", me amenazó un sabio amigo que ya linda los 50. "Lo mejor que puedes hacer es soltar el cuerpo, cometer el menor número de estupideces mientras dure y llevar un conteo riguroso de lo más emblemático de tu vida, de lo que te permitió llegar a los 40." Le tomo la palabra y enumero algunas de las cosas que un Homo Ludens debe haber hecho antes de los 40 para sentirse satisfecho y cruzar la crisis con gallardía.

Antes de los 40 un hombre está obligado a probar todos los extremos culinarios. De los tacos de suadero a la selección de quesos franceses más perfumados, pasando por escamoles, chapulines y otros bichos. Debe haber hecho pan con sus propias manos, un huevo frito sin que se reviente la yema y un buen plato de gnocchi. Debe haber prendido al menos una fogata, una chimenea y un brasero para un asado, sin la ayuda de papel periódico o gasolina. Debe haber cosido un botón, pescado un pez y empujado un coche hasta hacerlo arrancar.

Un hombre antes de los 40 debe haber pedido "aventón" a un extraño, viajado en un tren de tercera clase y en un avión privado. Haber manejado un "vocho" y acelerado hasta el fondo un Ferrari; probado vino más barato que el agua y un Petrus. Haberse hecho un traje a la medida, nadado más allá de las boyas en el mar y rasurado en una barbería inglesa.

Un hombre no puede llegar a los 40 sin haber leído Moby Dick, El viejo y el mar, Robinson Crusoe y Cien años de soledad. No puede no haber visto por lo menos tres veces cada uno de los episodios de El Padrino, dos veces Casablanca y, siquiera una vez, Citizen Kane. Debe haber subido a la cima de una montaña, pasado una noche en la playa sin más cobija que las estrellas y amanecido en una estación de tren.

Antes de cumplir los 40, un hombre debe haber constatado lo que es cambiar de rumbo, cambiar pañales y cambiar de ideas sin dejar de ser él mismo. Haber sentido el hormigueo tan particular que da la victoria y haber probado la amargura y el regusto ferroso del fracaso.

Antes de cumplir los 40 un hombre debe haber participado en una pelea, golpeado a un bravucón y saber qué se siente llegar a casa con la nariz rota, el hombro dislocado y el orgullo hecho pedazos.

Un hombre que llega a la cuarta década debe saber llorar lo mismo en un funeral, que con una película de risa, una canción de Cri-Cri o una de Peter Gabriel. Debe haber prestado su hombro para llorar -y haber llorado en el hombro de un amigo hasta no tener una lágrima más.

Es importante antes de los 40 haberse emborrachado hasta vomitar (sólo para poder seguir tomando); haber destrozado un cuarto de hotel, chocado un coche ajeno, dormido en una celda e insultado a la persona equivocada. Es importante, después de todo, conocer a fondo el sabor de la vergüenza.

Un hombre antes de los 40 tiene que haber sido rechazado por la mujer más guapa del bar. Debe haber roto al menos un corazón y saber lo que se siente cuando el propio estalla en mil pedazos. Debe haber amado hasta sentir literalmente que nada en el mundo es más importante que la otra persona.

Antes de los 40 hay que haber tenido un héroe, haberlo conocido y ser hoy el héroe de otra persona. Y hablando de héroes: un hombre antes de los 40 debe saber lo que es entrar a un quirófano con la mujer que ama, verla luchar para traer vida al mundo y acabar con un bebé arrullado entre los brazos. Porque sólo ahí se ve con claridad cuál es el sentido de cumplir esta edad.

No obstante (y aquí vuelvo a mi amigo), del ridículo -con o sin "crisis de los 40"- no nos salva nadie.

2 Comments:

Blogger Juan José said...

Ja ja ja... falto: "quedarse dormido en el hombro de un pata, totalmente borrachos los dos, en la parte trasera de un taxi (y para colmo decirle que se quede a dormir al bajar)" JA JA JA JA JA

9:52 AM  
Blogger Juan José said...

MUY BUENO!

9:52 AM  

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